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Blog del Caminante    
 

Jordi Piferrer

A través de este Blog, todos los caminantes podrán intercambiar sus experiencias y exponer sus criterios y sugerencias sobre aspectos relacionados con el Camino de Andorra

Coordinará el Blog: Jordi Piferrer *


Todas las actividades, se visualizan por orden Cronológico

También pueden verse según los bloques temáticos:
Caminadas, Expediciones de evasión, Expedición de 1937, Cultura, fiestas y tradiciones.


 
13 de marzo de 2017
Las dudas de san Josemaría   

            

            7º artículo sobre cuestiones que requieren un análisis más profundo.

 

           Tres fueron los momentos más significativos en los que san Josemaría tuvo serias dudas sobre si debía continuar hacia Andorra o regresar a Madrid.

El plan que habían trazado consistía en pasar a Andorra todos los que estaban en la zona republicana y lo harían en varias expediciones. La primera estaría formada por san Josemaría, Juan Jiménez Vargas, José María Albareda, Pedro Casciaro, Francisco Botella, Miguel Fisac, Manuel Sainz de los Terreros y Tomás Alvira. Seguirían la misma ruta que unos meses antes había emprendido el hermano de José María Albareda.

A continuación, en diferentes expediciones, seguirían todos los demás.

Les parecía que la primera expedición podría pasar a Andorra en una semana. No obstante pronto vieron que la organización de las expediciones de evasión eran mucho más complicadas de lo que habían pensado. En Barcelona estuvieron 40 días esperando el inicio de la salida. Pronto se dio cuenta san Josemaría que era muy difícil que pudieran pasar todos, por ello decidió en varias ocasiones regresar a Madrid para no dejar abandonados a los que allí permanecían.  

Veamos a continuación estos tres momentos de dudas sobre lo qué tenía que hacer, según le parecía a él que era la voluntad de Dios:

 

1. A mediados de octubre, estando en Barcelona, san Josemaría decidió regresar a Madrid y se fue decididamente a la estación del ferrocarril para comprar el billete, como recordaba Juan Jiménez Vargas en el año 1980.

 

Un buen día el Padre decidió volverse a Madrid, tal como ya había ocurrido otras veces.

Estaba yo solo con él en el piso de Diagonal cuando me lo dijo, con una decisión terminante que no  dejaba alternativa para pedir aclaraciones, y me indicó que nosotros teníamos que seguir igual, sin cambiar el plan.

El Padre salió entonces a la calle. Iba a la estación, a enterarse de los horarios de trenes y sacar billete para Valencia, camino de Madrid.  Fue sin duda el peor momento que he pasado en mi vida —puedo asegurarlo con rigurosa objetividad— y al cabo de los años lo recuerdo como si no hubiera pasado el tiempo.

A media hora, todo lo más, cuando yo todavía no había tenido tiempo de reaccionar, y no sabía como transmitírselo a los otros, ya estaba de  vuelta porque había cambiado de idea. Otra vez veía claro el Padre cuál era la Voluntad de Dios, y mantenía su decisión de llegar hasta el final, a conciencia de que nos habíamos metido en una empresa peligrosa, y hasta humanamente imposible.

 

         San Josemaría se daba cuenta de que era una empresa imposible. Para empezar deberían estar en Barcelona 40 días sin dinero y con el peligro constante de ser descubiertos.

 

2. Una segunda ocasión fue en la rectoría de la iglesia de Pallerols. Fue la noche del 21 al 22 de noviembre. Esta vez fue una duda mucho más intensa y dolorosa, con la práctica certeza de que no estaba haciendo la voluntad de Dios, de que estaba emprendiendo un empresa imposible, que estaba tentando a Dios y abandonando a los que quedaban en Madrid. Fue tanto el dolor de aquella noche que la pasó entera llorando y gimiendo, suplicando a Dios que viera claro lo que debía hacer, según fuera su voluntad.

El encuentro de una rosa de madera estofada fue la señal de que hacía bien continuando su camino hacia Andorra.

Lo hemos analizado exhaustivamente en el apartado anterior.

 

3. Finalmente la noche del 27 de noviembre, antes de salir hacia Andorra, volvió a plantearse la duda de si era conveniente que él siguiera en la expedición o era mejor regresar a Madrid, donde podría estar con los que quedaban en aquella zona y alentarlos en momentos tan peligrosos. En esta ocasión la duda era producida por la extrema debilidad en que se encontraba; no se veía capaz de soportar las largas caminatas que tenían por delante y pensaba que sería una carga para los demás. Recordemos que desde el inicio de la guerra había perdido 40 Kg.

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28 de febrero de 2017
La Rosa de Pallerols   

           

            LA ROSA DE PALLEROLS DE RIALB

           

            Según un testigo del año 1976, mosén Joan Porta Perucho [1], a finales de julio o principios de agosto de 1936 [2] llegó a Pallerols un pelotón de la FAI buscando "curas escondidos". Mossèn Joan estaba en Pallerols trabajando de mozo en una de las casas, en Ca l'Empordanès, pero no supieron encontrarle. Entonces cogieron los libros de la rectoría, las sotanas y los sombreros y los quemaron delante de la iglesia. Más tarde, hacia mediados de agosto, subió un grupo organizado por el comité de La Seu de Urgell, que durante ocho o diez días fue quemando sistemáticamente las iglesias de la región. Unas tres semanas después volvieron a Pallerols, porque decían que se habían quemado cosas de valor, removieron las cenizas buscando "oro fundido de las pinturas" y cosas parecidas.

Cuando en noviembre de 1937 el grupo de san Josemaría llegó a Pallerols, se encontró con los altares y retablos de la iglesia totalmente destruidos. En el Diario del día 20 escribe José M. Albareda:

 

Después de comer, descendemos del cerro para subir a la parroquia de Pallarols de Rialp. Es una iglesia capaz, para el escaso vecindario disperso que constituye Pallarols; adosada está la casa rectoral. Todo ello profanado, como los templos de otras poblaciones, de las que venimos [...]. Junto a la iglesia, hay un cementerio y un ciprés.

 

En sus memorias del año 1975, Paco Botella da algún detalle sobre el estado del interior de la iglesia. Escribe:

 

Pere nos indicó también por dónde se comunicaba sin salir fuera, con la iglesia. El Padre y algunos fueron a verla. Yo no recuerdo haberla visto, por lo menos con detalle, era de noche por otra parte y la luz de la vela que teníamos era escasa.

El Padre y los demás dijeron —yo solo lo vi desde la puerta— que había sido, como tantas otras, quemada y destruida por dentro por los rojos. Del altar y posible retablo que enmarcara a una imagen de la Virgen, de la cual quedaban huellas, sólo se presentaban ante la vista, al parecer, restos ennegrecidos por el fuego.

 

Como hemos dicho anteriormente, la madrugada del 22 de noviembre de 1937, san Josemaría Escrivá de Balaguer encontró dentro de la iglesia de Pallerols, en el suelo, una rosa de madera estofada y dorada. Ya hemos explicado que este hallazgo fue para él de gran importancia: la recibió como una respuesta divina en unos momentos de profunda desorientación personal; como una confirmación de Dios para continuar aquel camino que ya había comenzado.

Él mismo lo explica en el n. 1439 de Apuntes íntimos, el 22 de diciembre de 1937, justamente un mes después del día en que sucedieron los hechos. Lo dice así:

 

Entonces, con moción interior que coaccionaba mi voluntad, le dije al Señor: "si estás contento de mí, haz que encuentre algo", y pensé en una flor o adorno de madera de los desaparecidos retablos. Volví a la iglesia (estaba en la sacristía), miré por los mismos sitios donde había mirado antes..., y encontré en seguida una rosa de madera estofada. Me puse muy contento y bendije a Dios, que me dio aquel consuelo, cuando estaba lleno de preocupación por si estaría o no Jesús contento de mí [3].

 

Acabamos de leer lo que escribió san Josemaría: "miré por los mismos sitios donde había mirado antes".

Al menos cuatro veces estuvo en la iglesia de Pallerols buscando algo de los desaparecidos retablos:

 

- La primera fue el 20 de noviembre, cuando llegó desde Vilaró. En el Diario de ese día se lee:

 

Transcurre la mañana en las inmediaciones de la casa, pues ya se ha caminado temprano, durante dos horas. Después de comer, descendemos del cerro para subir a la parroquia de Pallarols de Rialp.

 

También se deduce del n. 1440 de los Apuntes íntimos [4].

 

- La segunda vez, fue la noche del 21, cuando bajó a la iglesia antes de descansar en la despensa de la rectoría, según el testimonio de Francisco Botella del año 1975.

- La tercera, es el encuentro de la rosa estofada del día 22 por la mañana. Quizás era la única rosa que había quedado por allí después de ser saqueada la iglesia, aunque las dos veces anteriores, en que había buscado algún detalle, no vio nada.

- Todavía hay el testimonio de una cuarta vez: cuando san Josemaría entró en la iglesia y buscó algo. Esta vez iba acompañado del arcipreste de Ponts.[5] Fue el día 26, según detalla Juan Jiménez Vargas en el Diario de aquel mismo día:

 

El Padre marchó después del desayuno con Pedro, que iba a tomar un apunte de la parroquia de Pallarols. Volvieron cuando acabábamos de comer, acompañados del arcipreste.

 

También lo cita Vázquez de Prada, añadiendo que no encontraron nada:

 

Cumplía Pedro el encargo de tomar unos apuntes de la parroquia de Pallerols mientras el Padre, acompañado del arcipreste, examinaba el interior de la iglesia, donde no encontraron el más mínimo resto de las tallas y retablos destrozados por los revolucionarios [6].

 

Es decir, que, de acuerdo con los documentos que tenemos, podemos deducir que san Josemaría examinó varias veces el interior del templo de Pallerols, pero no encontró nada. Sin embargo, aquella madrugada del día 22, después de pedirlo a la Virgen, encontró enseguida, dice él, una rosa de madera dorada que le confirmó en su decisión de continuar hacia Andorra.

 

¿Cuál podría ser el origen de esta rosa?

 

Según la gente de Pallerols, los retablos de la iglesia eran muy ricos, con muchos elementos dorados, entre los que había rosas y otras formas ornamentales.

Según la señora Josefa Finestres, la Marina de Ca l'Empordanès, la rosa que encontró san Josemaría podría ser la que llevaba en la mano la imagen de la Virgen del Roser [7].

No hemos conseguido ninguna fotografía para saber cómo podría ser la imagen de la Virgen del Rosario de Pallerols. Muchos testimonios nos dicen que era muy parecida a la imagen de la Virgen del Rosario de el Puig, otra iglesia de la Baronía de Rialb. Esta imagen se conserva en el museo de la catedral de La Seu de Urgell y puede dar una idea de cómo podía ser la de Pallerols. Ambas llevaban una rosa en la mano.

San Josemaría recordó siempre con especial agradecimiento el encuentro de aquella rosa. Desde el primer momento la hizo guardar con mucho cuidado dentro de una mochila, y actualmente se conserva en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, en la sede central del Opus Dei, en Roma. Esta rosa tiene ocho centímetros de diámetro, un espesor de un centímetro en los pétalos, y medio centímetro al final de estos; el grosor en el centro de la rosa es de dos centímetros y medio. De la parte posterior de la rosa sobresale un mango para incrustarse en el retablo o bien en la mano de la Virgen.

El 2 de diciembre de 2008, el obispo de Urgell, monseñor Joan Enric Vives Sicilia, bendijo una nueva imagen de la Virgen del Rosario de Pallerols similar a la del Puig y, por tanto, según los testigos oculares de la época, similar a la que había en Pallerols el año 1936. En la mano derecha lleva una rosa que es una copia bastante fiel de la que se guarda en Roma.

San Josemaría consideró aquella rosa como una señal, una caricia de la Virgen, y así lo muestran las diferentes representaciones que se han hecho de ella [8]. A menudo, sugería que se dibujara una rosa junto al sello del Opus Dei. Por indicación suya, se colocó una rosa parecida a la de Pallerols en la mano de la imagen románica de la Virgen que se venera en Torreciudad.



[1] Desde 1934 se encargaba de la parroquia de Sant Esteve de Pallerols.

[2] Marina Finestres, de Ca l'Empordanès, que tenía entonces diecisiete años, dice que era el 2 de agosto.

[3] Citado por Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo II, p. 195, n. 171.

[4] Ver de nuevo Vázquez de Prada, El Fundador..., tomo II, p. 195, n. 171.

[5] El arcipreste de Ponts era mossèn Nicolau Auger Ortodó (1865-1942), que estaba escondido en Can Vilaró.

[6] Vázquez de Prada, El Fundador..., vol. II, p. 201.

[7] Ella guarda en su casa una rosa del retablo de esta imagen de la Virgen, que encontró después de la guerra, en los alrededores de la iglesia: es más pequeña (tiene cuatro pétalos y no siete, como la que encontró san Josemaría).

[8] Por ejemplo, en las casullas y otros ornamentos litúrgicos. También figura la rosa de Rialb en la casulla de la estatua de san Josemaría que se alza en el exterior de la basílica de San Pedro, en el Vaticano.

 

 

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10 de febrero de 2107
El ''Horno'' de Pallerols   

En este 5º artículo sobre cuestiones que requieren un análisis más profundo, trato hoy sobre el llamado "horno" de Pallerols, un habitáculo de la rectoría de Pallerols donde la expedición de 1937 pasó la noche del 21 al 22 de noviembre

 

5. EL "HORNO" DE PALLEROLS

 

La dependencia de la rectoría de Pallerols donde durmieron los expedicionarios la noche del 21 al 22 de noviembre de 1937 les pareció un horno de pan, aunque en realidad no lo era. Así lo escribía Miguel Fisac en el Diario ​​del día 22 de noviembre:

 

El día amaneció nublado y nosotros algo entumecidos de pasar la noche en el horno de la Rectoría de Pallarols de Rialp, en donde abunda más la incomodidad y el frío que el confort.

 

Y así lo entendía también Francisco Botella en el año 1975 en sus recuerdos de la tarde del 21 de noviembre:

 

Pere nos llevó, ya de noche, a una antigua iglesia, que presentaba huellas de violencia y profanación. Entramos por una puerta sin cerradura y sin que se viese nada normal para cerrarla. Frente a la puerta, una escalera por donde subimos a una estancia amplia donde había una mesa grande. Desde esta pieza, Pere nos indicó por dónde se podía ir a un antiguo y elemental "cuarto de aseo", que comunicaba por una puerta a través de un pasillo con el sitio donde estaba la mesa [...].

Al lado de la mesa, una puerta diminuta se abrió por las manos de Pere, que nos enseñó entonces un espacio que me recordó al del horno de la casa de campo de mi abuelo. Y así era, en efecto. El suelo estaba cubierto de paja y hojas y hacia arriba se veía un ventanuco alto y pequeño.

 

En cambio en sus recuerdos del año 1980 Juan Jiménez Vargas, al mismo tiempo que deja constancia de que efectivamente pensaron que era un horno, empieza a dudar que lo fuera:

 

El 21 por la tarde, después de anochecer, Pere nos llevó a escondernos en la casa del cura de la iglesia de Pallerols, a menos de media hora de Vilaró, que estaba abandonada y en muy mal estado. Pasamos la noche en una habitación muy pequeña, de techo muy bajo, a la que se entraba desde el comedor, porque parecía lo mejor para defendernos del frío. Me parece que no se trataba de un horno como supusimos siempre. Pienso que era una estancia, muy pequeña, de techo bajo y abovedado que serviría para guardar cosas: posiblemente para tener trigo, patatas, etc.

 

        En realidad no se trataba de ningún horno, sino de la parte alta de la bóveda de uno de los ábsides románicos de la iglesia, que comunicaba directamente con la rectoría.

 

Nota.- Una buena descripción de la iglesia de Pallerols se encuentra en DD.AA. Catalunya Romànica, tomo XVII, Barcelona: 1994, p. 285; y en Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo II, p. 195, n. 171.

 

 

 

 

 

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29 de enero de 2017
La qüestión de la luna, en noviembre de 1937   

 

En este 4º artículo sobre cuestiones que requieren un análisis más profundo, trato hoy sobre el estado de la luna durante las 13 noches que duró la expedición desde Oliana hasta Andorra, los días 19 de noviembre al 2 de diciembre de 1937 

 

Analizaremos si hay alguna contradicción entre lo que escriben los expedicionarios sobre la cuestión de la luna: si en noviembre de 1937 había luna o no la había.

 

A través de Internet (1), consultando varias páginas web, se pueden comprobar las fases de la luna en noviembre de 1937, que son las siguientes:

 

- El 18 de noviembre de 1937, había luna llena.

- El 19, cuando salen de Barcelona y llegan a Peramola, es también casi llena.

 

Así lo dice José M. Albareda:

 

Estábamos junto al Segre, entre rocas aparatosas, y había luna. ¡Qué hermoso! Decíamos. Pero aquel hombre no se creyó que íbamos a ver el río, las rocas y la luna. Pronto salieron los que nos esperaban.

 

Y en el diario del mismo 19 de noviembre dice:

 

Abajo, con luz de luna, cenamos.

 

- A partir de este día la luna va decreciendo, de manera que los días que pasaron en la Cabaña de San Rafael iba disminuyendo hasta que el día 27 cuando salieron para la Ribalera ya estaba a la mitad, en fase decreciente. Suben la montaña de Aubenç con menos de la mitad de luna.

 

- Los días 29 de noviembre al 2 de diciembre, cuando entran en Andorra, la luna es muy escasa, prácticamente no hay. Precisamente el 2 de diciembre es luna nueva, es decir que no se puede ver.

 

Los guías intentaban organizar las expediciones de evasión cuando la luna estaba en cuarto menguante, como sucede en este caso que del 28 de noviembre -que llega el guía Josep Cirera a la Ribalera- hasta el 2 de diciembre -que llegan a Andorra- la luna está en fase decreciente.

 

Esto explica que algunos expedicionarios digan que no había, y otros que sí.

Lógicamente dependía también de si el día estaba muy despejado o si había nubes que dificultaban la visión.

 

 

(1) http://www.tutiempo.net/luna/fases_11_1937.htm

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6 de enero de 2017
¿Quien era Pallarès?   Història

Continúo hoy con un segundo artículo para esclarecer quien podría ser Pallarès.

 

     2. ¿QUIÉN ERA PALLARÈS?

 

     En los escritos históricos que redactan los expedicionarios, la palabra "Pallarès" tiene dos interpretaciones: O bien se refiere a una contraseña o bien a una persona.

 

a) Como contraseña lo cita, entre otros, Juan Jiménez Vargas, Pedro Casciaro y Francisco Botella.

 

- Juan Jiménez Vargas, en sus recuerdos del año 1980, dice:

 

Cada día caíamos por la lechería, con la esperanza de encontrar el aviso decisivo, pero ya bien entrado noviembre, el parte diario seguía diciendo que aún no había llegado Pallarés, con lo que entendíamos que aún no había llegado la orden de marcha

 

- En el Diario que el día 19 de noviembre escribe Pedro Casciaro -en el que cuenta su aventura desde Sanaüja a Peramola- dice que la contraseña para reconocer al guía era "Pallarès". Escribe textualmente:

 

Al explicarnos el lechero, en Barcelona, lo que nosotros habíamos de hacer al llegar a Sanahuja, era decir ¡Pallarés! como palabra de identificación

 

- Francisco Botella recuerda en sus escritos del año 1975:

 

Ya oscurecía cuando se paró el hombre bajito, se volvió, dando tiempo a que nos encontrásemos con él, y dijo en catalán: ya ha pasado el peligro. No hubo necesidad de que Pedro pronunciase la palabra clave "Pallarés"

 

b) Como persona, son muchos los relatos de los expedicionarios en que aparece un hombre al que llaman Pallarès. Aparece muchas veces junto a Mateo el lechero en la zona de Peramola, Cabaña de San Rafael y Ribalera.

 

De todas las citas se desprende que este Pallarès es el mismo que a veces llaman "el sacristán" o "el Tonillo"; es decir Antoni Bach Pallarès, de Peramola, que tenía el oficio de sacristán, campanero, cartero, etc.

 

Algunos de los escritos que avalan esta conclusión son los siguientes:

 

- En el Diario del día 19 de noviembre, que escribe Pedro Casciaro, éste cuenta su aventura desde Sanaüja a Peramola y dice textualmente que al llegar a Peramola conocen a Pallarès, el "exsacristán de Peramola". Dice así:

 

A las dos y media llegamos a las proximidades de Peramola. No era conveniente entrar de día, porque seríamos descubiertos por la gente. En un bosque esperamos … al oscurecer; entonces entramos en el pueblo, conducidos desde la mitad del camino por Pallarés, el exsacristán de Peramola, que brotó fantásticamente desde unos matorrales cuando estábamos ya muy próximos al pueblo. Tras un rodeo llegamos al establo de Pallarés y en la pajera nos alojó 

 

- Manolo Sainz de los Terreros, en el Diario del día 23 escribe:

 

A eso de las tres, viene otro refugiado de estos montes; es el hijo del sacristán de Peramola, que nos invita a tomar café en su choza … Se han reunido allí el sastre, el sacristán y otros personajes de Peramola

 

- Juan Jiménez Vargas escribe en el Diario del día 26:

 

Faltaría poco para el toque de diana, que corre a cargo de Tomás, cuando llegó Mateo con el hijo del sacristán

 

En ambos relatos el hijo del sacristán es Paco Bach.

 

- Manuel Sainz de los Terreros anotó en su agenda del año 1937:

 

Vino Mateo, y salida inesperada a las 6 de la tarde. Fuimos 23 y Mateo y Pallarés a un barranco al que llegamos a las 6 de la madrugada. Frío, andar a oscuras difícil, molesto y caídas. Dormimos 3 horas en gruta. Misa en barranco y comer algo y dormir (imposible, suelo todo inclinado con piedras)

 

-Pedro Casciaro escribe en el Diario del día 27:

 

A las seis y cuarto nos ponemos en marcha. Nos sirven de guías Pallarés y Mateo. Delante va el primero de estos y nos lleva a una velocidad terrible, en medio de la oscuridad más completa de esta noche sin luna ... Tan deprisa nos llevaba aquel sacristán que poníamos los pies sin saber donde … Pasamos muy próximos a Oliana (debería ser Peramola, ya que Oliana está muy lejos). Pallarés se separa de nosotros, para ir a este pueblo por víveres y unas alpargatas"

 

De todo lo anterior se deduce que "Pallarès" era Antonio Bach Pallarès, al que llamaban indistintamente: el sacristán, el Tonillo o Pallarès.

 

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