Associació d'amics del camí de Pallerols de Rialb a Andorra
 
Geología del tramo 8: del río de Civís a Sant Julià de Lòria
Octavio Rico nos muestra la geología del último tramo del Camino de Andorra

A veces, resulta conveniente apartarse un poco del camino que uno recorre para adquirir la verdadera perspectiva de las cosas; nuevas dimensiones de la realidad. Pienso que esta etapa, la llegada al Pirineo de Andorra, es una de las que aconsejan mirar las cosas con ese enfoque. Para ello, nos alejaremos un poco del camino, lo suficiente como para poder contemplar en su integridad el recorrido de esta jornada. Los alrededores del pueblo de Arcavell, en el margen izquierdo del río Valira, ofrecen unas magníficas perspectivas de dicho recorrido.

Geológicamente hablando, sobre todo desde el punto de vista geomorfológico y paisajístico, creo que ese ejercicio contemplativo quizás es lo más interesante que puede destacarse en esta jornada. Y es que el paisaje de esta zona fronteriza es sin duda uno de los más bellos que uno puede contemplar en el Principado. Pienso, además, que esa actitud contemplativa dispondrá al caminante para ese otro ejercicio (el reto físico), ciertamente exigente, que permitirá a los caminantes a culminar el recorrido del "Camino de Andorra", cuya meta final se encuentra en la población andorrana de Sant Julià de Lòria.

Desde los alrededores de Arcavell, mirando hacia el oeste, se puede disfrutar de un panorama impresionante (Fig. 1). Recomiendo vivamente hacer una escapada a ese enclave privilegiado.

La panorámica anterior muestra en primer plano dos altas sierras, limitadas por sus respectivos valles. A la izquierda (hacia el sur), todavía en el Pirineo catalán, puede verse el profundo barranco del río Civís, con su característico perfil en forma de "V" asimétrica, debido a la erosión fluvial.

A la derecha de la panorámica (hacia el norte), ya en territorio andorrano, se observa perfectamente el valle del río Valira. En lo más hondo del valle, Sant Julià de Lòria, la meta de esta jornada; al fondo de la fotografía, despuntando en el horizonte, las cumbres más elevadas del Pirineo andorrano. Entre estos dos valles, el Civís y el Valira, destacan las dos sierras que se han de recorrer a lo largo de esta etapa. Entre ambas sierras, se atraviesa también un pequeño valle, excavado por el arroyo de Argolell. Algo más arriba del cauce de este arroyo, en dirección norte, discurre en esta zona la frontera entre Cataluña y Andorra.

El barranco de Civís se halla enclavado al pie de una de las zonas más elevadas del Pirineo. Cerca de este barranco confluyen las fronteras de Andorra, Francia y España. No lejos de este lugar, se alza la Pica d'Estats, la cota más alta del Pirineo catalán (3.143m.). No obstante, para quienes siguen el "Camino de Andorra" el primer gran obstáculo a superar se encuentra justamente en el mismo punto de partida, junto al valle de Civís. Se trata de los abruptos calcáreos que caen desde los picos de La Guardia y de la Figuera. Entre esos picos discurre el "Paso de la Cabra Morta", cuyo solo nombre resulta como mínimo intimidatorio. (Pronto comprobará el caminante que, seguramente, más de una cabra despistada ha debido caer al vacío por esos despeñaderos). Por supuesto, este tramo, además de ser prohibitivo para cardíacos y para quienes tengan problemas de vértigo, exige del caminante una buena condición física y provisiones para una frecuente hidratación, sobre todo con tiempo caluroso. Pero, volvamos a la geología.

Al otro lado de la abrupta ladera del paso de la Cabra Morta (fig. 2) se encuentra la frontera de España con el Principado de Andorra. Quien quiera pasar a pie esa divisoria, antes tendrá que trepar por esos cortados rocosos, que de algún modo recuerdan al caminante el "peaje físico" que habrá de pagar si quiere alcanzar por ahí el territorio andorrano.  

Desde un punto de vista geológico, nos vamos adentrado cada vez más en el mismísimo corazón del Pirineo, donde afloran los materiales más antiguos de la cordillera. En efecto, las rocas que pisaremos durante esta jornada son, todas ellas sin excepción, de la Era Paleozoica, y más concretamente, pertenecientes a los periodos Ordovícico, Silúrico y Devónico. Tal vez es momento de recordar que nos movemos sobre materiales cuya antigüedad  está entre los 500 y los 360 millones de años, aproximadamente; es decir, en un intervalo temporal de unos 140 millones de años (v. fig. 3).

El hecho de que haya transcurrido tanto tiempo desde que se formaron las rocas que componen estas sierras, explica las intensas y frecuentes transformaciones y deformaciones que se pueden observar en los afloramientos rocosos a lo largo del recorrido (figs. 4 y 5).

Se trata de una zona bastante deformada a causa de las fuerzas tectónicas que intervinieron en la formación del Pirineo, primero al finalizar la Era paleozoica, y mucho más tarde, durante los plegamientos alpinos, una vez terminada la siguiente Era (el Mesozoico). Lo cierto es que por estas y otras razones que ahora no vienen al caso, la geología de este último tramo del recorrido es sumamente compleja. De modo que, en esta ocasión, nos limitaremos a dar algunas pinceladas de la compleja geología del lugar.

Estamos por tanto ante una jornada enteramente paleozoica.  El recorrido de esta etapa se inicia en el barranco de Civís, sobre rocas calizas del Devónico.  Si se alza la mirada hacia el norte, puede verse una gran muralla rocosa, prácticamente vertical, en cuya carena destacan dos imponentes cornisas: el Roc de la Guardia y el Roc de la Figuera (v. fig. 2).  Estos salientes rocosos también son del periodo Devónico, pero los materiales que los componen (calizas y pizarras) son de edad más antigua que las calizas del fondo del barranco de Civís, en contra de lo que cabría suponer si se tratara de una serie normal de estratos.

Como ya se avanzó al principio, aquí nos encontramos en una zona geológicamente compleja, en la cual se hallan reflejadas las deformaciones que se produjeron en el proceso de formación de la cordillera pirenaica. Entre esas estructuras cabe destacar la presencia de escamas tectónicas. Resumiendo mucho las cosas, diremos que ese tipo de deformaciones hace que, como consecuencia de fracturas y cabalgamientos horizontales, los materiales más antiguos puedan aparecer dispuestos sobre materiales más modernos. Eso es precisamente lo que puede observar el caminante a lo largo de esta jornada: materiales cada vez más antiguos conforme ascendemos en altura y avanzamos hacia territorio andorrano.

En los alrededores de Sant Joan Fumat, destacan unas calizas nodulosas, con un típico tono rojizo, pertenecientes al Devónico medio. Las seguiremos pisando durante unos 200 metros de desnivel. Algo más arriba, en los Picos de la Guardia y de la Figuera, pasan a predominar las calizas y pizarras del Devónico inferior.

Algo más adelante, a la altura de Argolell, destacan unos materiales compactos de color negro, de tipo pizarroso, pertenecientes al Silúrico. En ellas pueden encontrarse con suerte unos fósiles característicos conocidos como graptolites (fig. 7), un raro grupo de animales marinos extintos, parecidos a los corales. Estos fósiles (huellas de los tentáculos de esos animales) se asemejan a jeroglíficos escritos en la roca.

Antes de llegar a Mas d'Alins, comienzan a verse pizarras de un color gris-azulado característico (fig. 8). Se trata también de materiales del Silúrico y son especialmente visibles, con su brillo satinado característico, a la altura de la capilla de la Mare de Déu de Canolich, junto a la Borda del Gastó. (v. fig. 9).

Conforme se va descendiendo hacia Sant Julià, las pizarras se van haciendo más compactas y de colores cada vez más oscuros, casi negros, debido a la abundancia en ellos de materia carbonosa. Estos últimos materiales son particularmente visibles en los alrededores del pueblo de Fontaneda. (Fig. 10)

De hecho, a la altura del pueblo de Fontaneda las pizarras y filitas dan paso a calizas y esquistos, que en algunos tramos -a medida que se nos adentramos en el valle del Valira- son particularmente ricas en óxidos de hierro y materia carbonosa (fig.11). Desde tiempos inmemoriales, esta clase de rocas ha sido - y aun hoy día lo sigue siendo - muy apreciada por los andorranos como material de construcción (fig. 12).

Finalmente, desde el Coll de Jou, se abre a nuestra vista el valle del Valira y, como dándonos la bienvenida, el pueblo de Sant Julià de Lòria. Hemos llegado a nuestro destino.

Quizás es el momento de destacar, a modo de resumen, que Andorra es un conjunto de bloques rocosos muy antiguos (paleozoicos), levantados y deformados por fuerzas mucho más recientes: las que actuaron durante los movimientos alpinos de última Era (los tiempos cenozoicos).

Finalmente, sólo me queda expresar el deseo de que estas líneas, con las que se completa la crónica geológica (en ocho artículos) del "Camino de Pallerols a Andorra", ayuden a mucha gente a descubrir la Creación y a encontrar a Dios en las cosas sencillas de ese mundo creado.

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